La muerte, motor para el desarrollo de la vida

Hay ciertas clases de muerte que, por más contradictorio que parezca, proporcionan ventajas en el desarrollo integral de los organismos. Cuando se menciona la palabra “morir”, por lo general se hace referencia al deceso de una persona o bien de un animal doméstico. Sin embargo, desde la perspectiva de la ciencia la muerte puede tener otras referencias mucho más sorprendentes. Ciertas formas en las que se presenta la muerte generan condiciones ideales para el desarrollo equilibrado de un organismo.

Una muestra de lo anterior, la tenemos en la muerte celular programada, la cual consiste en eliminar conforme avanzan los años, estructuras que ya no precisa nuestro organismo. La evolución tiene la tendencia a eliminar los genes que ostentan cualidades negativas, las cuales provocan que el organismo no resista infecciones o bien, que posea una dinámica de coagulación deficiente.

En cada una de las células de un individuo, existen genes programados para matar células de esta clase en cuanto el organismo así lo precise. Esto se perfila como uno de los hallazgos científicos más importantes jamás realizados.

El proceso de muerte celular se presenta sobre todo al final de la vida fetal y en los inicios de la niñez, puesto que es entonces cuando acontece la eliminación de los circuitos neurales y mecanismos que se utilizaron a lo largo de la vida fetal, pero que ya no serán indispensables. La muerte es, tanto como el nacimiento, el fenómeno más generalizado de la vida. La muerte, codificada en los genes, ha dinamizado una evolución que en cierto momento del tiempo, nos hizo surgir como seres humanos.

En lo que se refiere a las células cancerosas, estas lo son porque no captan la “orden” de suicidarse o generan su particular orden de no morirse. Arrojan al medio algunos factores que posteriormente ellas mismas reciben y así logran continuar con vida y reproducirse, con nefastas consecuencias para el organismo.

Pero además, existe un proceso de muerte celular no programado, la necrosis, la cual se presenta por ejemplo, cuando nos damos un golpe en el dedo con un martillo, nos pica una araña, o sufrimos una quemadura. Esto motiva la pérdida de las células de un modo accidentado y por ende, no contemplado. Aun precisa de una mayor investigación saber cómo es que el organismo sabe el número adecuado de cada tipo de células y el mecanismo a través del cual las optimiza. Es por ello, que estamos hablando acerca de uno de los temas más apasionantes de la biología contemporánea.

 


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Ciencia


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